En este orden de ideas, el contrato, como documento de índole privada que genera obligaciones, si cumple los demás requisitos establecidos por la Ley es originario del impuesto de timbre nacional.

Ahora bien, la tarifa del impuesto de timbre, de conformidad con el parágrafo 2º del artículo 519 del Estatuto Tributario, adicionado por el artículo 72 de la Ley 1111 de 2006 sería de 1% para el año 2008; 0,5% para el año 2009 y; finalmente, 0% para el año 2010.

Es importante anotar que la Ley 1111 de 2006 NO DEROGÓ el impuesto de timbre, sino que redujo su tasa a 0%, de manera tal que si se encuentra en las situaciones fácticas de caución se debe contabilizar y declarar, pero con valor en $0.

Por otro lado, para determinar la cuantía sobre la que se aplicaría la tasa del impuesto, el artículo 522-1 del Estatuto Tributario señaló que “En los contratos de ejecución sucesiva, la cuantía será la del valor total de los pagos periódicos que deban hacerse durante la vigencia del convenio.”

Así pues, en un contrato de tracto sucesivo a un (1) año la cuantía sería el valor total de las cuotas por ese año, por esos doce (12) meses; pero si el contrato de tracto sucesivo tenía, por ejemplo, una vigencia de dos (2) años, la cuantía sería el valor total de las cuotas por los veinticuatro (24) meses.

Siguiendo este orden de ideas, si el contrato inicial tenía una vigencia superior al año, esa debió ser la cuantía sobre la que se aplicó la base gravable del momento, y no debía generar más impuesto de timbre durante esa vigencia contractual original pues hubiera consistido en un doble pago o doble tributación.

Ahora que, en los contratos a 1 año o en aquellos a mayor término que se prorroguen, con cada prorroga se genera el impuesto, sobre una cuantía igual al tiempo de la prorroga y a la tasa del momento en que esta ocurra, de lo contrario se estaría aplicando de manera retroactiva la Ley.

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